Como siempre el cielo en Lima es como una inmensa nuble gris que nunca esta de humor para dejar salir el sol y por eso en invierno las calles siempre se ven tristes ó quizás-pensaba a veces-reflejaba el sentimiento de todas las personas que vivían bajo el mismo cielo. Este tétrico panorama era el que me acompañó día a día, por más de cinco años, recorriendo las mismas calles y siempre de la misma manera, callado y fiel observador de los rostros que veía pasar; niños, ancianos, hombres y mujeres todos con una misma expresión desoladota y con la mirada perdida, así agrupe a la mayor cantidad de gente que veía cuando pasaba por las calles y me preguntaba si todas las personas muy en el fondo no eran felices. Y que tal ves en algún momento alguno de ellos también me observo y pensó lo mismo sobre mi.
Una mañana subió al bus una mujer, aproximadamente de veinticinco años, alta y muy delgada, parecía estar muy apurada con un bolso muy grande y lleno de cosas, la quede mirando porque me causo mucha curiosidad. Se sentó a lado de la ventana y se quedo mirando la calle, con la mirada perdida que caracterizaba a la gente que no conversaba o leía. Solo se movió cuando el cobrador le pidió qué pagara. Así pasaron los minutos en medio del frío y de las constantes frenadas que el carro daba. Llegue a mi destino, y antes de bajar la observe nuevamente, no le había visto el rostro, era blanca muy blanca, pálida de ojos muy bonitos pero misteriosos, el cabello lo tenía largo y muy lacio, pero parecía que no se lo peinaba. Baje y seguí mi camino pensando que odiaba levantarme tan temprano todos los días y que seguramente el día seria igual de aburrido. Desde muy joven tuve la manía de imaginar qué me gustaría estar haciendo en aquellos momentos aburridos, y en ese preciso instante me imagine qué me gustaría tener dieciocho años nuevamente, e ir a la casa de mi amigo Adrian. En aquellos días yo salía de mi casa con el pretexto de ir a la Universidad y sin embargo no tenía clases, y es que nunca me sentí tranquilo en mi casa, y buscaba a este amigo para ponernos a conversar, tonterías en su totalidad y cuando no tenía más que decir me recostaba en su cama y continuaba con mi sueño pendiente. Pero mi amigo viajo, como muchos de los peruanos que huyen de este país.
Esta mañana desperté y lo primero que se me vino a la mente fue la chica que vi ayer en el bus, y pensé que era imposible volver a verla, casi nunca te topas con las mismas personas en la calle. Subí al carro, me senté en la parte de atrás y olvide mis expectativas de verla, y de repente el bus se detuvo y ahí estaba, subió la chica sin nombre, totalmente abrigada y sin mirar a nadie. No me parecía hermosa pero sí inspiraba en mi cierto misterio e interés. Como estaba detrás de ella no la pude observar mucho, solo su cabello anudado y sin peinar. Tuve que bajar, pero esta vez cuando estuve a punto de bajar voltee y la mire a los ojos, ella subió la mirada y me miro también, al bajar me quede parado en la esquina y seguí con la mirada la partida del bus, la chica había estado llorando, estoy seguro. Seguí caminando apresurado porque se me hacia tarde, y mientras el aire helado golpeaba mi rostro, intente darle alguna respuesta a los ojos de la chica y por qué pudo haber estado llorando, finalice pensando que le estaba dando mucha importancia a alguien que no tenía ninguna relación conmigo y que ni la tendría.
Ya por la noche me invadió el cansancio y las ganas de irme de ese tedioso trabajo, y mis líos existenciales renacían, no me gustaba lo que hacia, y no hacia nada por cambiar mi vida, durante mucho tiempo mi vida monótona me gano la batalla, vivía resignado a pasar el resto de mis días así.
Siete y treinta de la mañana y el despertador sonó, e inexplicablemente la chica sin nombre apareció en mi cabeza. Y me sonreí, ¿la vería esta mañana también?, y después de mucho tiempo algo nuevo rondaba mi vida, algo que hacía que el sueño se vaya y que por mi cuerpo recorra una energía que me impulsaba a salir de mi casa con una actitud diferente, algo más positiva dentro del mar de pesimismos que acababa con mi vida. Tome el bus, y casi al llegar a la esquina me pase a otro asiento donde la pudiera observar mejor, en caso subiera. Y ahí estaba, la chica sin nombre, con su bolso guinda lleno de cosas, subió y yo voltee la mirada, qué no me vea me dije. El carro comenzó a avanzar y ella miro por la ventana. La observe por unos segundos y note que su cabello estaba distinto, se había peinado y note sus uñas recién pintadas, también sus pestañas largas y rizadas y no se por qué se me ocurrió que se había arreglado por algún motivo. Sin darme cuenta, ya estaba a punto de llegar a mi destino, y el corazón se me aceleró, me puse nervioso, mire por la ventana que ya estaba a punto de llegar, voltee a verla nuevamente y mire al cobrador me pare, me senté de nuevo y la mire, mire por la ventana y ya me había pasado. ¿Qué hago? ¿Qué me pasa? ¿ A dónde voy?. Y el bus continuo su viaje, ¿Qué es lo que había hecho?. Simple, no detuve al bus porque me quise quedar para ver a dónde iba esta chica, me reí por dentro, era una de las locuras más tontas que se me había podido ocurrir. Iba a llegar tarde al trabajo, solo por quitarme la duda y conocerla más. Entonces me relaje, y me dije: ya estoy acá. Diez minutos más y ella dijo: Bajo en las Begonias. Se paró, bajo y yo con ella atrás. Me sobre pare y prendí un cigarrillo, para que no se diera cuenta que la seguía. Ella caminaba lento, y se dirigía hacia la puerta de una Universidad. Satisfecho, me dije. Ella entro y yo me quede parado en la puerta, si alguien supiera de esto, pensaría que soy un idiota o un psicópata violador.
Ocho y treinta de la mañana, en el bus de siempre me preguntaba, que me impulsaba hacia ella, ¿me gustaba?, no, porque si fuese lo contrario el episodio de ayer hubiera tenido algo de sentido, entonces mi vida era tan triste que ahora resulta, me tenía que ocupar de seguir a gente desconocida para hacerla más emocionante. Pero llegue a la conclusión de que tal ves me estaba pensando esas cosas raras, que tal ves la había conocido del alguna otra vida, porque algo me atraía hacia ella, algo que ni yo mismo me podía explicar. Es así como nació en mi un lazo con aquella muchacha que yo no conocía
Pasados varios días de verla siempre, espere que el bus parara para que ella subiera, pero esta vez el bus no paro, mire por la ventana y no estaba, entonces pedí bajar en la siguiente esquina, fue un impulso, simplemente le pague, y baje. Camine hasta la esquina donde ella suele subir y me quede parado, el ambiente estaba tan frío que empecé a tiritar. Me quede quince minutos, por si llegaba, por qué tal ves se le había hecho tarde y nada. Me sentí confundido, ese día no fue igual a los demás, le faltaba algo, le faltaba la chica sin nombre. Los días pasaron, y ella nunca más subió al carro, me arrepentí de nunca haberle hablado, ¿pero qué le pude haber dicho? Hola siempre te observo, y hasta una vez te seguí, no pienses mal, no soy un psicópata. Ni hablar. ¿Y si algo malo le paso?, y si nunca la volviese a ver, como a todas las personas a las que te las cruzas diariamente, y no sabes si al día siguiente murieron o se ganaron la lotería etc.
Al mes tuve que ir a la Iglesia, por una cuestión de compromiso familiar, no me gusta la religión ni me considero católico, pero mientras escuchaba al cura pecaminoso-pienso que estas personas no son realmente transparentes- se me ocurrió rezar, no lo hacia hace muchísimo tiempo, pero lo hice, recé a duras penas porque ni recordaba bien cómo hacerlo, pero lo hice por ella, porque este bien, donde sea que se encuentre bajo esta inmensa nube gris. Nunca más la volví a encontrar
Era el mes de Diciembre de 1998, salía de trabajar y mi novia me había venido a recoger para ir hacer compras, faltaban tres días para Navidad, y las calles se veían alegres llenas de luces y de familias más unidas que en otros meses, porque eso es lo que inspira la Navidad, más unión y solidaridad. Ya de noche, cuando casi no hay carros, nos veníamos cansados y llenos de bolsas en el bus y de repente subió la chica sin nombre, se sentó en al asiento que da mirando hacia nosotros. Sentí un vacío en el estómago, y la mire sorprendido, ella estaba llorando, hacia lo posible por aguantarse, pero las lágrimas se le caían sin parar, se las limpiaba con el puño de la chompa, y miraba hacia la ventana. En ese momento no sabia qué hacer, no podía decirle nada porque estaba con Claudia a mi lado, pero me sentí terrible, impotente, y muy triste, me choco verla así. Claudia me susurro: ¿Pobre chica, que le habrá pasado no?. El corazón se me acelero, y la confusión me invadió nuevamente, pero ¿qué podía hacer?, la maldita cobardía nuevamente, pero en mi posición nada se me ocurría hacer. En ese instante todo se detuvo, no podía oír nada más que mis pensamientos y ver recorrer cada lágrima caer de su rostro. Bajamos en la esquina oí. Era momento de bajar, toqué su mano y ella me miró. ¿Te encuentras bien?. Le dije. Ella me sonrió, y asintió con la cabeza.
Tuve que bajar, pero la mirada que tenía me decía que me había reconocido. Tal ves ella también me conoció tácitamente, e incluso también me extraño como yo a ella. Por un momento pensé que debí haber hecho algo por conocerla, pero creo que las cosas tenían que ser así, y de esta manera tenían que acabar.